No-cosas e Infocracia | Byung-Chul Han, el filósofo que debería estudiarse en los colegios

El filósofo surcoreano Byung-Chul Han vuelve a sorprendernos con una lúcida y original mirada sobre la era de la información, los datos y las amenazas que habrá de afrontar la democracia actual.

 

Byung-Chul Han, residente en Alemania, donde imparte sus clases en la Universidad de las Artes de Berlín, se ha convertido en uno de los ensayistas más leídos de nuestro tiempo. En la última obra traducida al español, Infocracia, incide en cómo la era de los datos representa un riesgo para la democracia, influyendo en la opinión pública (publicada, comunicada o compartida), invitando a la acción mediante estímulos y considerando a la población como un producto más del mercado, como actores de consumo y no como ciudadan@s que deciden libremente.

Si en su ensayo No-cosas reflexionaba sobre la transición de lo material (cosas) a lo inmaterial (virtual), acotando la libertad actual a «la libertad de la yema de los dedos», ahora da paso a un análisis sobre este mundo virtual y desesperanzador que ya es una realidad. Diagnostica la enfermedad de una democracia en crisis en la que sus votantes sufren una pérdida de derechos y que, si no ignoran la manipulación, no se indignan ante la hipervigilancia o la clasificación a la que son «sometid@s» a partir del comportamiento públicamente compartido en forma de likes, comentarios o búsquedas.

Infocracia, de Byung Chul Han, escritor surcoreano

 

La sociedad actual está constantemente conectada. Es el nuevo ser o no ser. Esa conexión es vigilancia. Byung-Chul Han reflexiona sobre la evolución del control de la población. Del antiguo control de la población mediante la disciplina y las prisiones físicas al control actual, mucho más sutil, mediante estímulos y venta de autorrealización personal. De la mediocracia a la infocracia. Se trata de una sociedad sobreestimulada y, aunque cada vez más individualista, conectada las 24 horas del día, es decir, vigilada y clasificada con su consentimiento legal (ya no son personas sino perfiles de usuarios y consumidores).

Con el reciente confinamiento y la distancia social, se aceleró el cambio de lo real a lo virtual. De los libros-cosa o libros-objeto se pasó a los libros digitales, sin la posibilidad de tocar u oler. Hasta los colegios pasaron a ser colegios virtuales. Ya no había aulas sino aulas virtuales. Las asignaturas se empezaron a impartir de forma online y bachillerato se convirtió, de la noche a la mañana, en un curso impartido mediante clases online (más difícil lo tuvieron en cursos con estudiantes de menor edad). En Darío Estudio, por ejemplo, como en el resto de institutos y colegios de Madrid, dio comienzo un uso mucho más intensivo de apps educativas y, a pesar del regreso a la llamada «normalidad», se aceleró el cambio histórico o revolución digital.

En las últimas semanas, además, se está produciendo un debate sobre el poder y la influencia que se ejerce en las redes sociales. Elon Musk, director general de Tesla, se ha convertido en el principal accionista de Twitter, red social que ha estado en el epicentro de la polémica tras haber cancelado cuentas que infundían odio o noticias falsas. Una de las medidas disciplinarias más mediáticas afectó, en 2021, a Donald Trump, a quien cancelaron su cuenta entre acusaciones de incitar a la violencia.

Musk, firme partidario de la ausencia de límites en las redes sociales, no considera la libertad como un espacio limitado por la libertad de l@s demás, como en el colegio siempre nos transmitieron para enseñarnos a respetar otras opiniones. La libertad ejercida sin considerar las libertades individuales del resto de participantes de nuestra sociedad se torna en una amenaza para esas libertades individuales y, por tanto, para la democracia. Si se emite información falsa o fake news, la opinión de la población y, por tanto, el voto, se dirigirán a intereses diversos que nada tienen que ver con la libertad.

Como ya escribimos en esta bitácora, en el artículo Filosofía en tiempos de «fake news», «se puede alterar la opinión pública si se conocen bien las preferencias del consumidor». «Si un conjunto social, por ejemplo, es seguidor de líderes de distinto color político y, además, suele hacer like en publicaciones críticas con el sistema, es posible que se trate de un grupo indeciso y muy descontento, susceptible, por tanto, de «comprar» una nueva opción política». Por tanto, será bombardeado con publicaciones que terminen de influir en su opinión. «El mecanismo publicitario es similar al del grupo de personas que sigue a páginas de viajes y, por tanto, le interesan de forma potencial ofertas de vuelos y hoteles. Los datos se utilizan de forma masiva en publicidad y también en la comunicación política, pero se antoja difícil aceptar que se ejecute a través del envío de información falseada. Parece legítimo vender y mostrar las bondades de un producto, servicio u opción política, pero no lo es tanto hacerlo mediante el engaño y la manipulación». Sartre, en su obra teatral Nekrassov (1955), nos enseñó que hoy el «arte de mentir es informar». Ya eran conscientes, hace casi 70 años, del poder que ejercían los medios de comunicación. Ahora ese poder de los medios es el de la información, se articula a partir de enormes cantidades de datos y mediante algoritmos y robots. Si el poder es mucho mayor, menor será el espacio para la libertad individual, así que por qué no incorporar a los temarios de bachillerato, en los colegios, en escuelas e institutos, a filósof@s como Byung-Chul Han, mostrando el ser y el deber ser de un futuro digital.

En una falsa sensación de libertad, autenticidad y creación por parte del usuario-consumidor, la libertad pasa a ser, dice Byung-Chul Han, en todo caso una «libertad para consumir»«La dominación perfecta es aquella en la que todos los humanos solamente jueguen». No se olvida de Juvenal, el poeta romano que acuñó la locución panem et circenses, al referirse a una sociedad que «se calla con comida gratis y juegos espectaculares» o, en la versión moderna, ante «renta básica y juegos de ordenador».

El futuro, en parte, se construye en las escuelas y en los colegios, formando ciudadan@s libres, desde la guardería a bachillerato. Colegios y familias pueden hacer un gran trabajo a través de una educación mejor, una educación digital. Hay niños muy pequeños que utilizan tablets o smartphones sin la necesaria consciencia de lo que ello puede ocasionarles. La formación digital debería acompañarse de la reflexión, fomentando un espíritu crítico con espacio para la indignación y no tanto para el consumo, construyendo sociedades conscientes de lo que quieren pensar y ser.

La revolución digital, probablemente, no ha ido acompañada de una educación en la reflexión y en la crítica adecuadas. Nos hemos conectado a una era digital y desconectado de lo natural. Se ha de poner en valor lo virtual, por supuesto, pero también lo real, que no debería ser sustituido sino complementado.

 

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